FRENTE A LA IMPOSICIÓN DE UN MODELO COMUNISTA, LA MUJER VENEZOLANA DICE NO. VAMOS A PONERLE OVARIOS A VENEZUELA

EL DISCURSO DE LA DERROTA

internacional y desmembrando a los capitalistas que han llevado al mundo a esta debacle.
    Pero en vez de eso, está en una feroz, agresiva y soez campaña tratando de empujar a sus candidatos para ver si los puede salvar y se conviertan en Gobernadores y Alcaldes. Anda con sus bacalaos a cuesta para evitar que se le enrede el cuadro político con una derrota masiva en varias Gobernaciones y Alcaldías.
    Viene al Zulia y descalifica a Manuel Rosales y lo llama desgraciado. Luego se ocupa de Pablo Pérez y lo llama imbécil y hasta “Bernardo”, cuando a su lado en la Plaza de Toros tenía a sus propios “Bernardos” y el ha sido el “Bernardo” de Fidel Castro durante diez años.
    Va a Carabobo y pide que le entreguen “Pollo frito… Pollo quemado”. Además de nuevo critica con dureza al actual Gobernador, Luis Felipe Acosta Carlez, quien hasta hace unos meses era su hermano del alma y aliado incondicional, pero como no aceptó la imposición de Mario Silva, ahora es un traidor.
    Y así va por cada municipio y estado. Hablando y hablando. Insultando e insultando. Descalificando y descalificando. Y hasta muchos de sus seguidores no le consiguen una explicación clara a tanta alharaca, pero todo tiene un objetivo preciso: polarizar para salvar a la revolución.
    ¿Por qué Chávez polariza? ¿Por qué baja del ring a sus candidatos y se sube él directamente a caerse a piña con el opositor? ¿Será que tan malos anuncios le traen las encuestas?
    Hagamos el análisis. Chávez es la única figura del oficialismo que mantiene niveles de popularidad importantes, lo que contrasta con la pésima imagen de la mayoría de sus candidatos que se han convertido en genuinos bacalaos, quienes a pesar de haber  “ganado” supuestamente la consulta interna, no han sumado el apoyo de sectores ajenos al PSUV. Eso por un lado.
    Pero además resulta que el PSUV en vez de ser una maquinaria política aceitada, entonada y lista para correr los grandes premios, se asemeja más a un carro viejo que cada día saca un desperfecto distinto, le suena todo menos el radio, tiene los cauchos pelones y sus pasajeros se viven cayendo a golpes por el control del volante.
    EL PSUV no termina de funcionar como partido. Hay graves disputas por el poder, claro está, dependiendo del estado y el municipio. Buena parte de su militancia “falsa” es abstencionista u opositora y sólo se exhibe a regañadientes con la indumentaria rojita. Los batallones fueron degradados y los miembros se sienten como fusilados.
    En la mayoría de los estados, especialmente en el Zulia, hay un desorden grave en las entrañas del PSUV. No hay unidad, no hay disciplina y no hay voluntad de trabajar por sus candidatos a quienes, por cierto, les cuesta mucho unirse en llave y andan separados casi a muerte.
    Pero por si fuera poco, los estudios de opinión muestran un grave rechazo a la gestión de su Gobierno y ya lo comienzan a acusar con fuerza de los errores de sus 10 años en el poder. Buena parte de la gente sigue viendo con agrado a Chávez, pero con gran rechazo analizan las ofertas incumplidas y los problemas que no se han solucionado.         Todos estos elementos configuran un escenario nada ideal para Chávez y el futuro de su revolución. Por eso salió a echarle un camión de coroticos tratando de revertir los resultados y seguir siendo la primera minoría en Venezuela.
    El sabe que si la oposición le gana mínimo ocho gobernaciones y 100 Alcaldías y la mayoría pertenecen al llamado corredor electoral que suma más del 60% de los votantes a nivel nacional; su revolución se detendrá y entrará en una etapa final camino a su desaparición y a la larga quedará para el análisis histórico de un proceso que pudo ser y  no fue.
    Para evitar la debacle polariza y lleva la contienda al plano presidencial y advierte que Manuel Rosales y la oligarquía vienen por él con el apoyo de los Estados Unidos. Por eso repite sin cesar que quienes crean en él, deben votar por sus candidatos a ciegas.
    Con esa polarización les baja exposición a sus pésimos candidatos y busca que la gente sólo lo vea a él. Con esa advertencia de que lo quieren eliminar, busca que la mayor parte de las filas del PSUV se unan y salgan a defender a su Presidente porque si no la revolución desaparece y con ellas las misiones y todos los demás planes supuestamente sociales.
    Es el discurso de la derrota. Es la conducta de quien huele que el pueblo le arma una emboscada democrática. Es la actitud de quien avizora que el pueblo le disparará con el único cañón que tiene: el voto. Es el sentimiento de quien no cree en la democracia, la pluralidad y la participación. Es un ejemplo más que demuestra que el “Rey” anda desnudo.

Su actitud revela que se le viene una debacle electoral
     Sin necesidad de analizar encuestas, de escuchar explicaciones sobre las tendencias de la campaña electoral y hasta con los ojos cerrados, pero los oídos bien abiertos, es claro que las cosas no le están saliendo bien al presidente Chávez. Su discurso denota que tiene la derrota pintada en el rostro y la desnuda en sus palabras y gestos.
    Si el panorama electoral del Chavismo para las elecciones regionales y municipales fuera promisorio, el Presidente estaría gobernando y viajando para exportar su revolución y financiar a los grupos progresistas del mundo. Estuviera muy tranquilo analizando la crisis financiera